“Cuando se ponen en marcha procesos de democracia participativa, la ciudadanía cobra su dimensión práxica. Esto es, la ciudadanía que participa en las decisiones que transforman a la ciudad quedan transformad@s al participar en las decisiones que transforman las ciudades. Dicho de otro modo, no solamente las decisiones que se adopten condicionarán, en mayor o menor medida, la vida de las personas, sino que el propio hecho de participar transforma a quienes participan en el proceso participativo. Siendo, por consiguiente, tan importante los procesos como las decisiones que se adopten.
Lo que nos lleva a decir que la democracia es deficiente si no es participativa”
(RODRÍGUEZ VILLASANTE, 2003)